Me alejé de Santiago de Chile con la vista clavada en los Andes; dos horas en avión bastaron para llegar a Buenos Aires. Las guías turísticas invitaban a visitar una ciudad ecléctica que mezclaba casi todos los estilos arquitectónicos: colonial, art decó, art nouveau, neogótico. La anunciaban como “La París de América”. Uno de los sitios que más llamó mi atención fue un barrio ubicado al sur de la ciudad llamado San Telmo. Me interesaba adentrarme en la vida cultural del país desde sus orígenes y San Telmo era uno de los barrios más antiguos de Buenos Aires. Al disponerme a visitarlo, los lugareños sugirieron que lo hiciera en domingo para apreciar el tianguis cultural; llegué un lunes, así había que esperar.

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Abrazo estrecho, caminata, corte y quebrada son cuatro pasos básicos que los bailarines profesionales de tango enseñan cotidianamente a los turistas en centros nocturnos, milongas o al aire libre –según el presupuesto–. Un hombre de traje levanta mi brazo derecho y con el otro abraza mi cintura; yo me dejo llevar. En el tango los roles son importantes: el hombre dirige y la mujer lo sigue aportando sensualidad; esto último nunca logré, así que después de la segunda pieza me senté en una banca a escuchar con detenimiento al gran Astor Piazzolla, cuyo amplio repertorio salido de un reproductor musicalizaba las coreografías.

Tango San Telmo Lucho Molina via Visualhunt

Foto: Lucho Molina / Visualhunt

Transgresor de su género, Piazzolla se atrevió a mezclar estilos e innovar. Los tangueros de la vieja guardia lo llamaban el “asesino del tango”. Él respondía con garbo que su música era producto de una nueva definición: “música contemporánea de Buenos Aires”. Alguna vez comentó para la revista Antena, de Buenos Aires (1954): “Sí, es cierto, soy un enemigo del tango; pero del tango como ellos lo entienden. Ellos siguen creyendo en el compadrito, yo no. Creen en el farolito, yo no. Si todo ha cambiado, también debe cambiar la música de Buenos Aires. Somos muchos los que queremos cambiar el tango, pero estos señores que me atacan no lo entienden ni lo van a entender jamás. Yo voy a seguir adelante, a pesar de ellos”.

Piazzolla susanamule via Visualhunt.com

Foto: susanamule / Visualhunt

Su osadía lo llevó a la censura por parte de las emisoras de radio, los sellos discográficos no querían editar su obra y los comentaristas atacaban su arte. La historia cuenta que fue el compositor Carlos Gardel quien descubrió al adolescente prodigio. Desde los 13 años, Piazzola había sido invitado por el rey del tango a formar parte de la orquesta que lo acompañaría a su gira, pero su padre no lo dejó porque aún era muy niño. Corrió con suerte porque fue precisamente en esa gira que Gardel perdió la vida en un accidente aéreo. Piazzolla moriría a los 71 años, en su Buenos Aires querido; dos años antes había sufrido una trombosis cerebral en Paris.

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Piazzolla Arturo Espinosa via Visualhunt.com

Ilustración: Arturo Espinosa / Visualhunt

Por las calles bonaerenses aún resuena el bandoneón de Piazzolla y se respira su amor por el tango, el jazz y la música clásica. “Sinfonía Buenos Aires”, “Rapsodia porteña”, “La Sinfonietta”, “Adiós Nonnino”, “Libertango” y “Balada para un loco” son algunas composiciones del máximo expositor de ese sublime tango que hoy en día acompaña los pasos de baile de las mujeres con vestidos largos entallados que ensalzan su figura estilizada y que no dejan a la imaginación su sensualidad con la abertura de la entrepierna contorneada y musculosa. “Nadie puede sentir el tango hasta no perder a una mujer y ser traicionado por el mejor amigo”, reza un dicho.

Foto portada: Illuminaut / VisualHunt

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