Es común verlos en parques, en las banquetas, a un lado de los motores de un refrigerador de un Oxxo, sentados a un costado de una iglesia entre cartones que utilizan como cama, cobijas y trapos raídos de color apagado por la mugre; restos de comida, la anforita con alcohol y sus propios orines y excrementos. En el Distrito Federal existen más de cuatro mil personas en situación de calle -forma políticamente correcta de llamar a los teporochos y vagabundos-. Viven de la caridad, la venta de objetos que encuentran en la basura, de realizar trabajos sencillos, como barrer la banqueta de algún negocio y de la transa entre ellos mismos.

 

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