Santos Torres lleva en el nombre la penitencia. Las paredes de su casa, ubicada en el corazón del barrio de Tepito, están tapizadas con imágenes de casi todos los santos de la fe católica. Su rostro es fuerte, su complexión y piel correosa. Creció a punta de madrazos en el box, entre la reparación de latón y la fayuca. La mañana de 19 de septiembre de 1985 estuvo a punto de perder la esperanza.

El terremoto de 8.1 grados en la escala de Richter que sacudió a la Ciudad de México dejó dañados seis mil edificios, de los cuales 412 quedaron totalmente destruidos. Las colonias Doctores, Guerrero, Juárez, Centro, Morelos, Condesa, Tlatelolco, Cuauhtémoc, San Rafael, Roma y la zona de Tepito, fueron las áreas más afectadas.

“Preparaba yo a mi chamaco para la escuela, cuando de repente pum, pum, pum… sacamos a mi familia y posteriormente nos pusimos a repartir agua. Tenía una camioneta de tres toneladas, empecé a llevar agua al hospital de las monjitas en Santa Ana y me corrí para la Roma. Andaba como loco todo Circunvalación”, platica Santos.

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Una mano

Patricia vive en una de las vecindades más conocidas del barrio bravo. En la entrada cuatro vigas de madera detienen el techo —una mezcla de adobe y concreto— que está a punto de caer. Aquí vende dulces y refrescos con su hija; ella también vivió la tragedia del terremoto.

“Estaba dormida, mi mamá fue la que me despertó, párate, párate, me decía”.

“Las casas eran de adobe, sentíamos que se nos caían encima, era bloques muy grandes, muchas casas se cuartearon”, recuerda Paty mientras señala las casas aún con cicatrices.

En el 114 de Eje 1 Oriente Vidal Alcocer está el Espacio Cultural Tepito. Durante el primer año después del terremoto se convirtió en albergue. Ahora está cuarteado.

Aquí se respira un olor de abandono. Lolita, encargada de este lugar, recuerda esas tardes y noches en que la ayuda era el principal denominador: “Siempre se turnaban, jamás se quedaba solo, si alguien venía y necesitaba agua o medicina le dábamos la mano”.

El reloj de la Torre Latinoamericana (Madero y Eje Central, en el primer cuadro del Centro Histórico) quedó suspendido a las 7:19 de la mañana, el momento en que los edificios más importantes de la ciudad sucumbieron ante el movimiento de la tierra.

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Comenzar de nuevo

María Teresa Ocejo, arquitecta de la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco, encabezó, de la mano de Carlos “Tito” Acuña y de alumnos de esta casa estudios, la reconstrucción de 13 vecindades que cayeron durante y después del sismo.

“Se hizo un plan de emergencia con comisiones de asesoría técnica, de apuntalamiento, de apoyo a los vecinos para evitar el desalojo, decidimos en conjunto que íbamos a trabajar en 11 vecindades y luego dos más, o sea fueron 13 vecindades”, dice Ocejo, quien además subraya que trabajaron desde septiembre de 1985 a septiembre de 1987 en la construcción de 500 viviendas.

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El tabique rojo aún predomina en las casas y departamentos que se ven en la calles de: Florida 54, Díaz de León 59, Toltecas 108, Granda 41, Constancia 91, Santa Lucía 2, Peralvillo 4-8, Jesús Carranza 19, Aztecas 62 y 71,Tenochtitlán 27 y Caridad 25.

“Vivienda, patio, calle, ahí acomodarían sus mercancías y saldrían a vender, queríamos conservar ese concepto porque dicen, Tepito para los Tepiteños”, señala María Teresa.

Hoy Santos y Patricia comparten el recuerdo de esa mañana en que todo se estremeció, en que vieron caer Tepito, en que supieron que una adversidad como ésta es y será pequeña comparada con la unión del barrio.

Primera aparición de esta crónica en semanario Hoy Estado de México

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