En una mesa de trabajo tres mujeres manipulan cascaras fibrosas de maíz. El toque es delicado, más que manejar la fibra la acarician, la sienten, se comunican con ella a través del tacto pues sus ojos se los impiden. Luego, con los dedos desnudos untan pintura verde. Es el inició de una flor que será parte de un alebrije de unos tres metros de alto que están terminado de construir en el taller de arteterapia del Instituto de Oftalmología F.A.P. Conde de Valenciana, I.A.P. Su animal fantástico estará expuesto en Reforma hasta el 5 de noviembre.

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Hace tres años Eugenia Salas Sánchez propuso a esa institución la arteterapia como una actividad adicional al trabajo de rehabilitación y apoyo psicológico que reciben los pacientes. “La arteterapia a través de la creatividad y el trabajo artístico busca empoderar a las personas de visión baja, que les abra nuevas posibilidades, pensando que muchas veces son paciente que tienen una pérdida de la vista reciente y eso implica un duelo y retos complejos. El arte, la creación, te abre puertas, te hace ver que la vida continúa”, explica Eugenia, coordinadora del taller.

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Eugenia Salas Sánchez

De acuerdo con los datos de la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica 2014 (ENADID), la ceguera y los problemas relacionados con la visión se ubican como la segunda discapacidad con mayor incidencia en el país. “En México el 85 por ciento de los pacientes con una discapacidad visual sufren de visión baja. El resto son ciegos”, me platica la psicóloga Araceli Galván, quien atiende a los integrantes del grupo y forma parte del equipo que elabora el alebrije.

Los nueve pacientes, que integran el taller han perdido más del 90 por ciento del sentido de la vista. Algunos ven siluetas, otros manchas, unos más han dejado de tener amplitud de campo. El miedo y el duelo ante la pérdida desahogan en inseguridad. “En la terapia de grupo logran superar sus miedos, como usar el bastón”, cuenta Araceli.

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A decir de Eugenia Salas el resultado de la arteterapia se aprecia en la seguridad que ganan los integrantes. “Es un cambio. Tan solo al tocar los materiales pasan de un no puedo al sí puedo. Lo superan. Da empoderamiento, adquieren seguridad en sí mismos, autoestima. Al final del día es un gran logro en el que todos colaboran, participan desde sus capacidades para crear. Lo que compartimos es una creación. Es como resignificar. No solo se comparte una condición visual sino va más allá de eso: es darle vida a un objeto que es único en el mundo”.

Platicamos con algunos de los integrantes del taller. Estas son sus historias.

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Ana Luisa Tafoya Cárdenas

Llegué al taller porque vengo a rehabilitación. Ya tengo un año asistiendo. Estaba insegura hasta para caminar sola. Pero desde que llegué a arteterapia me siento un poquito más segura de mí misma. Convivo con mis compañeros, oigo su vida y digo, yo también puedo. Ya tengo un poquito más de seguridad.

¿En qué consiste su problema de visión?
Desprendimiento de retina. Comenzó hace tres años. Ya no tengo visión en un ojo y con en el otro alcanzó a ver poquito las cosas. Me afectó mucho en todas las partes de mi vida, tanto en mi trabajo, tanto en caminar, en casa. Yo ya no dependía de mí misma. Me costó trabajo utilizar el bastón porque no aceptaba mi condición. Me sirve para las banquetas, los niveles. Me da más seguridad. Antes en el metro la gente me aventaba porque dicen que me veo como una persona normal. Ahora camino un poco más segura, aunque sea con el bastón. Yo era de las personas que ni platicaba, pero con ellas convivo más.

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Juan Ignacio Solís Arévalo

Soy débil visual, tengo glaucoma en los dos ojos. Me integro hace como dos meses cuando la psicóloga Araceli me invita al taller. Principalmente le ayuda a uno a relacionarse con la gente más ampliamente, a aprender. Muchas veces nos separamos de la gente porque tenemos miedo, porque no nos acercamos, no podemos ver bien; tenemos miedo que la gente nos haga a un lado. Ahora es más fácil hablar con las personas, expresar nuestro problema

¿Cómo ha afectado su vida su condición?
Tengo como un año y tres o cuatro meses que empecé con el problema del glaucoma. Yo estudié biología, trabajé en el gobierno; después en la UAM, en laboratorios, en bioterios. Pero empecé a tener problemas de la vista y ya no pude volver a trabajar porque sólo cubría plazas de vacaciones y descansos. Me dedicaba también a la carpintería y al tallado de madera. Todavía puedo tallar madera, más o menos. Me cuesta mucho trabajo porque no veo un todo. Tengo problemas de puntos ciegos. Yo para las artesanías soy medio malo. Aquí estoy aprendiendo muchas cosas.

¿Cómo ha sido su adaptación a esta nueva vida?
Muy difícil porque para andar en la calle nos cuesta trabajo. Yo, en mi caso, ando muy despacio y toda la gente anda muy a prisa. A veces hasta las personas grandes nos avienta. No se dan cuenta que tenemos el problema. En ocasiones notan que uno tiene dificultades para ver, entonces sí ayudan, la gente hasta eso es consciente. Yo procuro andar más en metro, es más fácil, tiene más infraestructural para poder transportarse en el. Poco a poco me he ido adaptando. Camino despacio, siempre me pego a la derecha, cosas que me han enseñado aquí en el hospital.

Yo no ocupo bastón pero ya me están convenciendo que es necesario. Para mi el bastón es como la última cosa.

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María Eugenia Morales Charola

Tengo una enfermedad que se llama síndrome de Vogt-Koyanagi-Harada, mejor conocida como uveítis. Se inflama el nervio óptico y eso no deja ver. Mi problema empezó en octubre del 2009. Esta enfermedad se puede controlar un tiempo pero no es curable. Yo veía bien, trabajaba, hacía mi vida normal. Pero un día me levanté y empecé a ver la cara de la gente como distorsionada, como si fueran monstruos, así, boludas. Me fui a trabajar. Pero ya no pude hacerlo. Yo trabajaba con líneas, con papel; era diseñadora de modas. Al otro día me fui al urgencias al Hospital de la Raza y me dijeron que no tenía nada y me dieron unas gotitas. Dos días después yo seguía igual pero ya me dolían los ojos. Una amiga me dijo que viniera a este hospital y aquí me detectaron el síndrome de Vogt-Koyanagi-Harada.

Pasó el tiempo, yo me la trataba, pero llegó el momento en que el medicamento ya no hizo efecto. Me inyectaban pero ya no regresaba la visión. Hace dos años, en 2015 perdí por completo la vista.

¿Qué beneficio le ha dado participar en este taller?
Cuando dejé de ver me sentía inútil, ahora con esto siento que puedo hacer algo aunque no vea. Me ha ayudado en sentirme más independiente y colaborar en el equipo. Aquí aprende uno cosas que a lo mejor no sabía que podía hacer. Yo descubrí que no todo está perdido, siempre hay algo que se puede hacer. Todavía coso con la máquina de coser, trato de ser independiente. Después de esta enfermedad decidí irme a vivir sola, porque, como comprenderás, a veces ya es difícil vivir con la gente que estamos acostumbrados a que ven. Yo me hago de comer, me traslado, voy y vengo sola.

¿La infraestructura de la ciudad le permite moverse bien por ella?
No. Está muy fea. A veces uno no sabe ni por dónde caminar porque uno no ve. No hay señalamientos, no hay nada, las calles están muy feas; hay hoyos, banquetas despostilladas. Todo está muy feo. Hay que caminar despacio y con el bastón va uno detectado lo que hay adelante. Pero aún así no es suficiente.

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Delfina Alfaro

Tengo 74 años. Hace 17 años comenzó mi problema. He ido perdiendo la vista. Tengo neuropatía oftalmológica. Me duele demasiado el ojo, sobre todo el que he perdido, que es el derecho. Toda la cabeza me duele. Empecé con glaucoma pero ahorita he tenido problema con cornea.

¿Cómo me ve ahorita?
No logro distinguir tus rasgos, sobre todo cuando hay contraste no alcanzo a ver correctamente. Veo algo pero no normal. Afortunadamente puedo ir al mercado. Al principio se me dificultaba qué es lo que iba a comprar. A veces compraba tomates en lugar de limones. Poco a poco fui identificando las cosas

¿Cómo le ha ayudado la arteterapia?
Mucho. Me siento a gusto trabajar en equipo. Antes pintaba al óleo, pero como ya no veía dejé de pintar. Con esto otra vez me ha salido la creatividad, el gusto por estar haciendo algo. No era propiamente artista plástico pero tenía unos cuadros, asistía a clases. Ya ahorita casi no veo las líneas, se me dificulta. El maestro con el que tomaba la clase me decía: no importa, aunque sea chueco o del color que sea tú pinta. Pero no. Se me fue la emoción de pintar, pero con esto me siento a gusto.

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Salvador Rodríguez Mondragón

Soy maestro de artes plásticas en el colegio de Bachilleres número 9. Soy débil visual. No veo con un ojo y con el otro veo como un cinco por ciento. No soy capaz de reconocer un cara, veo a una persona a una distancia como de 50 centímetros más o menos, con un cachito del ojo, nada más. El año pasado participé en el desfile de alebrijes con el colectivo que se hizo en el hospital Conde de la Valenciana. Fui invitado por una de las psicólogas que conocí en un curso para ciegos y débiles visuales. Yo le traía ganas de participar en eso desde hace mucho tiempo. Este año participo con mis alumnos.

¿En qué consiste tu problema de visión?
Yo nací con un problema de miopía progresiva. Cada seis meses me cambiaban los lentes porque necesitaba mayor graduación. A los 18 años yo veía muy bien con lentes, pero mi ojo creció y esa deformación me generó ciertos padecimientos. Tres años después me detectaron glaucoma y aunque me operaron, el uso de gotas y los momentos en que no se controlaba fue acabando mi campo visual. Hace ocho años me salió una catarata. En un año ya no veía la cara de las personas.

He ido perdiendo la vista paulatinamente. Tiene como tres años que no puedo dibujar pero puedo hacer figuras de cartón, que era lo que hacía hace mucho tiempo.

¿Cómo te has adaptado a esta nueva realidad?
Ir a la escuela para ciegos del Comité Internacional ProCiegos me ayudó mucho. Ahí aprendía a usar la computadora, actividades de la vida cotidiana, fotografía. Eso me ayudo mucho para adaptarme a mi nueva situación y ganar seguridad.

¿Es difícil para ti moverte por la ciudad?
Ahí si voy perdiendo. Gustaba mucho de andar en la calle. Ahora salgo por necesidad o me busco un pretexto. Sí es difícil. Aprendes a andar en la calle. Vas rastreando con el bastón, me puedo guiar con la pared, pero te encuentras el macetero, el anuncio, el vendedor que puso su franela en el piso. Vas chocando continuamente.

Eres artista plástico ¿cómo trabajas ahora tu obra?
Me di cuenta que con el cartón o el papel tengo habilidad y puedo retomar lo que estaba haciendo antes. Me tengo que basar en las capacidades que ahora tengo. Ir construyendo un nuevo lenguaje que me permite comunicar lo que quiero.

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