¡Ya me vi! —me dije—, ya me vi aterrizando en el Aeropuerto de Moscú y conociendo el Kremlin. Bueno, esa fue la idea que cruzó mi mente cuando recibí un correo electrónico escrito en un idioma muy parecido al español, que podría calificar de rusoñol, y que apenas podía entender, agradeciéndome por la amistad que estaba comenzando, una amistad con miras a tener una relación muy especial en el futuro.

¡Ya me vi! —me repetí—, al ver la foto de una jovencita muy blanca de piel, con ojos azules y cabello castaño al final del texto que venía firmado por una tal Alina.

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Sí, claro, dirán ustedes, ¿y tu nieve de qué sabor?.

Es cierto, a todas luces era evidente que se trataba de un scam, un fraude, de esos que, según la investigación que realicé son muy frecuentes en la actualidad. Es toda una industria en provincias de la República Rusa como Yoskar Ola o Moscú. Hay incluso agencias matrimoniales por internet ofreciendo al extranjero la posibilidad de conocer a “la chica de sus sueños”.

De hecho anda circulando por ahí una publicidad en la que se dice que el gobierno de Ucrania, país que está en guerra con Rusia, busca colocar a sus mujeres en países del continente americano, para protegerlas del conflicto bélico. Y en ambos casos se presentan fotografías de las chicas que, en la mayoría de los casos, podrían ser modelos de portada.

Decidí responder la carta, haciéndole algunas preguntas, digamos de rutina, y en sus siguientes cartas, que durante un mes fueron diarias, me explicó en su muy limitado español, que era hija única, huérfana de madre, que era diseñadora industrial, que vivía con su papá en un modesto departamento en la provincia de Kazán, que había tenido algunos novios, que todos la habían engañado, que yo le gusté, que le parecía un hombre serio y responsable y que quería conocerme en persona.

—Tengo vacaciones pendientes y voy a pedirlas, me explicó, sólo tengo que hablar con mi jefe.

Sólo había que esperar al lunes porque ese día era viernes.

Rusa 3

Llegó el día y entonces me escribió, aparentemente muy emocionada, diciéndome que su jefe le había dado el permiso por un mes, y que además la empresa le iba a regalar el boleto de avión para que volara a México. México lindo y querido, me dije a mí mismo, ojalá hubiera empresas así en mi país.

El siguiente paso, me dijo, es acudir a una agencia de viajes para saber cuáles son los documentos que se necesitan.

Al siguiente día me dio la información, acompañada de sus datos para que le enviara 400 dólares americanos para pagar los trámites.

Intrigado, respondí que sí, que lo haría, siempre y cuando primero pudiera verla y hablarle (aunque no me entendiera) a través de un videochat, ya fuera por Skype, Imo, Facebook o cualquier otra aplicación.

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Su respuesta fue que estaba muy emocionada, que contaba los días para sus vacaciones, pero que necesitaba el dinero porque no había podido conseguirlo por allá, y aunque le daba mucha pena, yo era el único que podía ayudarla con eso. Y para darle un toque más personal, al final de la carta una foto de ella en camisón, y lanzando un beso.

Decidí escribirle en inglés, porque al parecer no entendía mi español, pidiéndole nuevamente entablar una conversación más personal y aunque no nos entendiéramos, saber que realmente existíamos.

No hubo respuesta, no más cartas, no más fotos… no más Rusia.

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